Pioneros del food design, Sonja Stummerer & Martin Hablesreiter —o lo que es lo mismo, honey & bunny— comenzaron su carrera en 2003, cuando la disciplina daba sus primeros pasos. Desde entonces, entre otras cosas, han comisariado exposiciones, han dado clases en distintas universidades y han llevado a cabo performances en museos y ferias. Además, colaboran con científicos en una labor divulgativa en torno a la comida que casi han convertido en cruzada personal. En esta línea, acaban de publicar el informe Food futures donde analizan el futuro alimentario del planeta.
Sus comienzos no fueron fáciles. Una pareja de austríacos recién licenciados en arquitectura se muda a Japón al empezar el milenio para trabajar en el prestigioso estudio de Arata Isozaki (Premio Pritzker 2019). Allí ejercieron su vocación hasta que un día el mismo Isozaki les hizo una pregunta que cambiaría su trayectoria. Arata había estudiado arquitectura porque en los años 50, después de dos guerras mundiales, había que reconstruir gran parte del mundo. Pero ¿qué era lo que importaba en 2003? ¿Qué problema era más acuciante? La respuesta del tándem fue casi inmediata: la alimentación. “En ese momento, mientras una parte de la población mundial moría de hambre, la otra había triplicado la tasa de obesidad en menos de 30 años. Claramente había una cuestión que resolver”, nos dice Martin.

Veinte años después de aquella revelación, las cosas no han mejorado demasiado. Para ser justos, el asunto es infinitamente más complejo que al que se enfrentaba Isozaki. Hemos hablado con Martin Hablesreiter, 50% de este dúo multidisciplinar, para comentar Food futures: un informe con el que han dado el salto del circuito cultural al institucional, y que han elaborado con la participación de un grupo de científicos para el Joint Research Center de la Unión Europea, organismo creado con el fin de desarrollar políticas de impacto positivo en la sociedad. 90 páginas de frases cortas rebosantes de datos y fotografías en el estilo habitual de la pareja.

La performance combativa
Los trabajos de honey & bunny destilan humor, sorna e ironía. Son altamente estéticos y, al mismo tiempo, inquietantes. El estudio representa situaciones gastronómicas fuera de contexto, llevadas al extremo, que de alguna manera nos susurran una posibilidad de futuro nada halagüeño. Como creadores, utilizan la imagen y la performance para poner de relieve lo absurdo de nuestra forma de consumir alimentos. Todo está plastificado, pasteurizado, esterilizado. Hablamos de una actividad directamente vinculada con la naturaleza en la que la naturaleza ha desaparecido. Ya nadie asocia el filete al animal de granja, ni la lechuga de bolsa a la huerta.


Desde su perspectiva comprometida, Sonja y Martin nos hacen ver que un acto de mera subsistencia se ha convertido, en el mejor de los casos, en un constructo social; en el peor, en un bien de consumo como cualquier otro. Para darle teatralidad a su visión, encontramos a estos artistas vestidos de cirujanos en el campo tratando un tomate como un órgano vital a punto de ser trasplantado. Los vemos arrastrando un carro de la compra en medio de un bosque o de una cuadra. Con estas imágenes dan en la diana del dilema que ilustran en este informe.

Food futures es tan demoledor como riguroso. En él se repasa cada aspecto que influye en nuestra dieta: clima, paisaje —y su degradación actual—, disponibilidad de materias primas, precio, accesibilidad, cocina y cultura. También está cargado de contenido político. Pero, eso sí, no estamos ante un texto panfletario, sino ante un grito de socorro dirigido a la clase política con una serie de propuestas para salir adelante como especie. honey & bunny tienen fe en los gobiernos por encima de los mercados, otros no somos tan optimistas. Vayamos por partes.

El problema
Que el sistema alimentario actual no se sostiene no es ningún secreto. Más allá de la inflación en la cesta de la compra durante el último año y medio, en Europa se desperdicia un 20% de los alimentos y en EEUU, un 40%. Toneladas de comida tiradas a la basura. Pero, además de eso, lo que producimos está muy lejos de ser sostenible. Como consecuencia, el clima cambia, el suelo se degrada con pesticidas y fertilizantes, las semillas van camino de transformarse en un monopolio, la biodiversidad se reduce, la producción de lo que comemos genera gran parte de las emisiones de CO2. Por si esto fuera poco, la ganadería intensiva, los envases, los antibióticos que se suministra al ganado, la poca rentabilidad de la agricultura —gran parte del sector subsiste gracias a ayudas e incentivos—, la escasez de agua —que ya cotiza en Wall Street—, la globalización o los bajos salarios de los trabajadores son solo algunos de los temas que hay que solucionar. ¿Por dónde empezamos?

Necesidad biológica/construcción social
Todos sabemos que las cosas no van bien, pero la apelación al miedo y los mensajes apocalípticos solo nos llevan a gravitar entre la negación y la ecoansiedad. “Dejar nuestra alimentación en manos de los consumidores esperando que ellos tomen decisiones sostenibles es cínico”, afirma Martin Hablesreiter en nuestra conversación. ¿Qué podemos hacer realmente? “Nadie quiere acabar con el planeta, no de manera consciente al menos”, prosigue, y pocas cosas tienen mayor peso en el entorno y en nuestra salud que la alimentación: un acto que tiene lugar al menos tres veces al día y que nos empuja a comprar casi a diario.

Más allá de esto, la comida se rige por unas normas muy concretas que nos unen como comunidad y nos cohesionan como grupo; por lo que alterar la dieta requiere un profundo cambio social, filosófico y de valores. Es en esa esfera donde operan honey & bunny. Si miramos alrededor, muchas celebridades de nuestro tiempo son personas adineradas sin más mérito que sus propiedades. “En los museos vemos los objetos que encargaron o pertenecieron a las clases altas”, señala Martin. La literatura se queda atrás frente a los fenómenos de ventas, pienso al escucharlo. ¿Qué dice eso de nosotros como sociedad? El dinero, el éxito y la rentabilidad como máximas están acabando con nosotros. ¿Hay algo más decadente que una especie cuyos miembros compiten entre ellos?


Que honey & bunny hiciera una performance en el Victoria &Albert Museum de Londres, como ocurrió en 2019 con la exposición inmersiva Food: Bigger than the plate, es importante. Significa que algunos agentes institucionales, como los museos, ya están pensando en esta problemática y convirtiéndose en una plataforma de cambio. honey & bunny propone un giro que pase por recuperar valores democráticos y ecosensatos aplicados a la alimentación. ¿Cómo podemos hacer eso?

El espejismo de la democracia
Basta ya de responsabilizar a los consumidores de la calidad de lo que comen. Basta de asumir que la oferta siempre se construye en función de la demanda. Basta de la falacia que se apoya en que los compradores tienen un poder. No seamos ingenuos. Hay también una industria y una serie de acuerdos mercantiles que determinan lo que ingerimos. El espejismo es pensar que podemos elegir, cuando lo que podemos elegir ya ha pasado esa plétora de filtros ajenos a nosotros. Cuando honey & bunny mencionan la democracia, se refieren a la calidad del suelo, a que podamos decidir cómo se producen esos comestibles. Que como ciudadanos —y no solo como consumidores— podamos escoger. Porque la naturaleza es nuestro propio hábitat y, si no fuera por nuestra intervención constante, se regularía a sí mismo.

Tanto Martin como Sonja hablan de un sistema sensato como derecho humano e insisten en no confundir democracia con atención al cliente. Reivindican que la comida deje de considerarse un producto de consumo y pase a ser un derecho como lo son el derecho a la salud y a la libertad. Que sea abundante —haya para todos—, equitativa —llegue a todos—, asequible y saludable. Porque dependemos de ella como del aire, del agua y, aunque se nos olvide, como dependemos los unos de los otros.

El food designer como disidente
Su informe, Food futures, no es más suave que este artículo, al contrario. En él establecen una serie de cuestiones dentro del marco de su investigación para generar un nuevo modelo que, en general, provoca miedo y rechazo. Sirva de ejemplo esta batería de preguntas como gasolina para pensar: ¿Qué condiciones se tienen que dar para que la industria alimenticia deje de ser solo un negocio? ¿Se puede mantener un sistema de producción orgánica? ¿Es posible consumir de manera sensata? ¿Puede la tecnología —hasta ahora en manos privadas— solucionar todo eso? ¿Pondría esa solución en peligro a la democracia generando un sistema tecnofascista? ¿Puede la industria ser sostenible cuando su objetivo es producir productos masivos para su consumo masivo? ¿Tiene sentido un sistema basado en el crecimiento constante? ¿Es la globalización respetuosa con el medio? ¿Habría que mantener los alimentos fuera del libre mercado? ¿Podemos volver a una vida en la que cada aspecto sea más pequeño, más personal, más humano?

Llevamos algo más de una hora de conversación en la que el tema no es otro que la supervivencia de nuestra especie. Para honey & bunny, la respuesta a todos estos temas pasa por poner en marcha una cultura basada en un sistema farm to table —de la granja a la mesa— con pequeños productores locales que cultiven según las estaciones y ciclos de la tierra. Volver a la vida de nuestros abuelos y bisabuelos. Esa vida nos parece como una revuelta inevitable e inverosímil al mismo tiempo. Y también la solución a muchas cosas. ¿Será verdad el famoso lema punk “no hay futuro”? ¿Todo lo que nos queda es pasado? |
En este enlace puedes leer más artículos sobre honey & bunny.
Preguntas Frecuentes sobre Honey & bunny
¿Quiénes son honey & bunny y qué relación tienen con el food design?
Honey & bunny es el nombre artístico del dúo formado por Sonja Stummerer y Martin Hablesreiter. Son considerados pioneros del food design, habiendo comenzado su carrera en 2003, combinando exposiciones, docencia y performance para divulgar la cultura de la comida.
¿De qué trata el informe «Food futures» publicado por honey & bunny?
Es una publicación reciente donde analizan el futuro alimentario del planeta. En colaboración con científicos, abordan los desafíos de la alimentación desde una perspectiva divulgativa y crítica, convirtiéndolo en una cruzada personal por la sostenibilidad.
 






