Del del 5 al 8 de marzo, FORMA Design Fair debuta en Madrid como la primera feria española dedicada al diseño de colección. Celebrada en la Nave Uno y la Central de Diseño–DIMAD de Matadero Madrid, su aparición surge como un gesto de posicionamiento: convertir el “momento Madrid” en un marco estable para el diseño contemporáneo. Entre la ambición de situar a la capital en el circuito internacional y la necesidad de construir una cultura del diseño, esta edición del Madrid Design Festival pone de manifiesto una pregunta: ¿evento o ecosistema?
Madrid y su primera feria de diseño de colección
Emerio Arena y Antonio Luna, comisarios y directores artísticos de FORMA, sitúan el origen de la cita en una cuestión de escala y mercado. “Madrid Design Festival comenzó en 2018 para poner de relieve la efervescencia que había en la ciudad alrededor del mundo del diseño. Un sector muy vivo que no tenía representación en un encuentro a gran escala”. Ahora, tras nueve ediciones, “se notaba la ausencia de un encuentro con estructura ferial”. La puntualización no es menor: “Era evidente que no se podía hacer una feria de la industria del mobiliario. Para eso ya está Hábitat Valencia”. La decisión fue construir un territorio propio: “Así surgió la idea de desarrollar FORMA como una cita para el diseño de colección”.

El salto es significativo por dos motivos. El primero, de dimensión: FORMA se albergará más de 40 expositores y un programa profesional —(PER)FORMA— pensado para tejer comunidad y lenguaje común. El segundo, de intención: no se trata solo de “tener feria”, sino de consolidar un tipo de mercado que hace una década era marginal en la capital —el del objeto como elemento cultural— y convertirlo en infraestructura. Madrid lleva años ensayando un giro de guion: de eje administrativo a destino capaz de atraer visitantes, talento e inversión con la misma naturalidad con la que atrae turistas.


Con la aceleración que vive la ciudad —que algunos comparan con un “nuevo Miami” por la llegada de inversión extranjera y la expansión del mercado cultural—, el diseño necesitaba su propio escenario. “FORMA dialoga muy directamente con ferias como COLLECTIBLE Brussels, que es el evento de collectible design más refrescante de Europa y que ya ha aterrizado en Nueva York”, afirman Luna y Arena. A partir de ese referente, la propuesta se afianza en un activo local: “La salud de la artesanía contemporánea española, que es de un nivel inigualable”.

¿Qué es el collectible design?
“Diseño de colección” funciona como etiqueta-paraguas para referirse a objetos únicos, ediciones limitadas o series hechas a mano, donde el valor reside tanto en la función como en la autoría, el proceso y la capacidad narrativa. Su auge responde a una razón cultural —el diseño se lee como patrimonio contemporáneo— y a otra económica —el mercado busca una singularidad demostrable: edición, procedencia, oficio—. Ellos lo formulan en tres líneas: “Por un lado, toda la artesanía contemporánea; por otro, las creaciones históricas, principalmente del siglo XX; y, finalmente, el mobiliario o iluminación más cercano a la expresión artística y escultórica”, subrayando que el hilo conductor “que une todo es la importancia del valor emocional para el usuario”.


¿Cómo evitar que la iniciativa se quede en la superficie? Los comisarios parten de una verdad básica: “La función de una feria es principalmente comercial. Y, aunque no sea una venta inmediata en el mismo recinto, sí tiene siempre el objetivo a corto y medio plazo de ayudar al expositor en la difusión y comercialización de sus productos”. El matiz que proponen para no quedarse en el escaparate es curatorial, es decir, centrarse en “darle una connotación escénica clara, la clave está en la selección de participantes. Muchos de ellos están más cerca de la expresión artística que de la fabricación de muebles”.

Parte del relato que les gustaría que acompañe a los visitantes de FORMA es “que en España tenemos artesanos y diseñadores desconocidos para el gran público que están rompiendo las barreras del coleccionismo”. La frase coloca el foco en un déficit y en una oportunidad: existe escena, pero necesita estructura para transformarse en cultura compartida y, con el tiempo, en industria.

Cómo se define esta primera edición de FORMA Design Fair
Una primera edición siempre termina siendo una declaración y, en este caso, los criterios innegociables que han sido el eje de su trabajo curatorial actúan como manifiesto “Vanguardia e innovación”,responden sin pestañear. Y, al hablar de riesgo, aparecen dos decisiones que amplían el perímetro. Primero, la incorporación de disciplinas no previstas, más allá del mobiliario: “La cristalería, joyería y la orfebrería tienen mucho que decir en el campo del collectible design y hay auténticas ‘joyas’ dignas de ser expuestas”. Y, segundo, la inclusión “de obras históricas del siglo XX ya solo disponibles en colecciones privadas”.

Entre los expositores hay nombres menos conocidos y pesos pesados, que incluyen galerías y editoras como La Mínima, Pott Gallery, GÄRNA Gallery, Sancal, nanimarquina, Studio Ejarque, Estudio Material, Todomuta Studio, LIGNICO, PONCE, La Ebanistería, MUSH MYCO Design, Yukiko Kitahara y Regina Dejimenez Estudio, por citar algunos. A pesar de que la innovación suele enfocarse en materiales o tecnologías, su elección curatorial gravita sobre otro eje: “Sin duda, la frontera del uso”. La frase desplaza el interés hacia una pregunta más compleja: ¿cómo se habita un objeto? ¿Qué rituales propone? ¿Qué relación defiende con la cultura matérica y con el propio espacio doméstico? En clave crítica, también abre una tensión: si el diseño de colección se queda en símbolo de estatus o si puede actuar como laboratorio de formas de vida.


A la hora de medir resultados, evitan cifras grandilocuentes: “Para nosotros, la principal medida será la satisfacción del expositor”. Y, mirando a 2027, lanzan una ambiciosa legitimación global: “Nos gustaría cerrar la participación de alguna de las cinco principales galerías internacionales”. El programa (PER)FORMA se articula en conversaciones, encuentros y actividades que sitúan el coleccionismo en un marco más amplio. “Tanto el impacto económico como el profesional en este sector son los temas que más nos interesan tratar en esta edición”. Una sentencia que importa porque desplaza la mirada del gusto al sistema: condiciones de trabajo, circuitos de distribución y profesionalización.

La parte difícil
La cultura del diseño no aparece por decreto, sino que se construye con una cadena completa —educación, producción, mercado, mediación y apoyo institucional—. Las ciudades que han consolidado un tejido lo han hecho combinando plataformas, relato y estructura, y FORMA llega para visibilizarlo. Lo que queda por ver es si esa atención se traslada de imagen a economía cultural. Entre lo público y lo privado, esta disciplina cuenta con una ventaja: puede traducir la inversión en prestigio simbólico y, al mismo tiempo, generar cadena de valor local.

Para eso, sin galerías que sostengan a los estudios, sin editoras que puedan producir y distribuir, sin talleres con continuidad y sin crítica que ordene el campo, la ciudad corre el riesgo de quedarse en un consumo rápido de novedades; un “todo en la misma semana”. La clave está en convertir la proyección en encargos y en red: residencias, programas de compra, alianzas con escuelas, comisiones para entorno público y una estrategia que favorezca que los diseñadores puedan quedarse y crecer aquí.


Los modelos internacionales ayudan a aterrizar la idea. Eindhoven no se entiende sin una escuela que atrae talento y una plataforma anual que lo fomenta. Bruselas ha usado una feria como COLLECTIBLE como ancla para crear conversación y mercado. Barcelona ha construido identidad con instituciones y mediación constante. Valencia aprendió que el discurso solo se sostiene si deja ecosistema. Madrid parte con una ventaja obvia —capacidad de atraer miradas— y con una tarea pendiente: hacer de esa capacidad una industria cultural del diseño.

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