En una parcela inclinada marcada por restos fabriles, la Casa Corten transforma óxido, memoria y pendiente en una arquitectura residencial. HPA Arquitetura e Investimentos ha convertido una ruina industrial en materia doméstica, fundiendo refugio, tiempo y territorio actual.
De la ruina industrial a un hogar con acero corten
La filosofía de HPA Arquitetura e Investimentos, el estudio fundado en 2009 por Hugo Pereira en la ciudad portuguesa de Braga, se sintetiza en este principio: proyectar espacios atemporales que materialicen sueños, generen sensaciones únicas y establezcan una relación profunda entre arquitectura, paisaje, memoria y tiempo. Son propósitos que, de entrada, pueden ser meramente genéricos: rara vez un arquitecto ofrece su trabajo desde la frialdad brutal del lenguaje estrictamente técnico, ya que suele hacer promesas a los sentidos, al espíritu, a las ideas. Y son promesas difíciles, que a veces solo quedan cumplidas mediante apariencias —en ocasiones estruendosas—, donde únicamente caben metáforas de corta profundidad.

Quizá la primera evidencia de que en Pereira esos objetivos no son retórica sea en la posibilidad de vislumbrar en esta propuesta la noción de metamorfosis. La descripción de la Casa Corten señala que surgió “de una lectura sensible y profundamente contextualizada el lugar: una parcela de pronunciada pendiente anteriormente ocupada por una antigua fábrica de madera hoy en ruinas, de la que solamente permanecían vestigios de chapas metálicas oxidadas. Esta memoria industrial se convierte en un punto de partida conceptual y material para una vivienda que establece un diálogo honesto con su pasado, su topografía y el paisaje circundante”.

Al elegir como material protagonista el acero corten, Pereira no rehúye de la solemnidad presente en los restos fabriles, sino que recalca su pretérita presencia como una evocación de los cimientos que ocuparon el enclave en un tiempo pasado, con el fin de llevar a cabo una transformación al erigir allí un hogar. La nueva edificación no emerge amnésica. Recuerda y toma desde esa reminiscencia la función originaria: ser refugio, cobijo benefactor.

Casa Corten. Óxido que construye memoria
Pereira articula esa conversión desde la afirmación de la sensibilidad contemporánea, lección del maestro Álvaro Siza arraigada en la arquitectura portuguesa actual, que se esfuerza por integrar orgánicamente al edificio en el entorno. La volumetría de Casa Corten —enteramente revestida en su perímetro exterior con componente— se relaciona cuidadosamente con el terreno, asumiendo la dificultad que su fuerte inclinación y orientación desfavorable imponía. Cubiertas ajardinadas en los dos niveles de la residencia se han concebido como prolongaciones —casi elevadas— del suelo para integrar la volumetría y fragmentarla, permitiendo así una fusión con el paisaje y el carácter del entorno suburbano.


Esa evocación del emplazamiento —encarnada en el uso del acero corten— se introduce dentro de los espacios de transición. De igual manera, este componente se pone al servicio del enfoque sostenible y eficiente que ha sustentado el diseño. Un filtro metálico de chapa perforada actúa como una segunda piel que proporciona sombreamiento y control solar pasivo. El interior de la casa está constituido por ambientes amplios, fluidos, luminosos y permanentemente vinculados a los elementos naturales presentes fuera. La parte externa se halla compuesta por patios, jardines, cubiertas accesibles, una chimenea exterior y una piscina infinita rodeada por un lago y vergel natural; toda una experiencia doméstica diversa, placentera, donde la serenidad hogareña y la libertad agreste de la naturaleza terminan por convivir.

Hormigón visto, cristal y madera son los otros elementos que completan Casa Corten. En palabras de Pereira: “Una paleta material marcada por la imperfección, el paso del tiempo y la autenticidad”. El transcurrir de los años irá lustrando al protagónico acero. Ese embellecimiento que solo se logra mediante el desgaste, como explicaba Tanizaki en su Elogio de la sombra, y que infunde a la arquitectura su verdadera vida propia.

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