En el centro histórico de San Miguel de Allende, Andrés Gutiérrez transforma una antigua casona familiar porpiedad de la empresaria de hospitality Vianney Torres en un hotel boutique donde arquitectura, diseño y memoria conviven. En el rooftop, TONANA extiende esta historia hacia un nuevo escenario que reúne el interiorismo de Andrés Gutiérrez y la propuesta de coctelería de Óscar Valle.
En Casa Hoyos, la intervención trabaja con la arquitectura heredada —sus patios, arcos, circulaciones y proporciones— como punto de partida para construir una identidad contemporánea sin desprenderse del carácter histórico del inmueble. La escala doméstica de la antigua casona permanece reconocible en la organización del hotel: los espacios se articulan alrededor de patios interiores y corredores que funcionan como transiciones entre las áreas comunes y las 16 habitaciones, conservando una secuencia espacial propia de la vivienda tradicional de San Miguel de Allende.

Diseño contemporáneo con inspiración colonial
Andrés Gutiérrez establece un diálogo entre distintas temporalidades a través del interiorismo. Materiales, mobiliario, iluminación y objetos contemporáneos se incorporan a la estructura existente sin competir con ella. Los muros, arcos y elementos originales funcionan como soporte de una intervención que introduce nuevas texturas, colores y piezas de diseño, mientras mantiene la lectura de las proporciones y recorridos de la casona. El resultado conserva una condición residencial incluso después de su transformación en hotel boutique.
Esta relación entre pasado y presente se manifiesta particularmente en las habitaciones. Cada una adquiere un carácter propio a partir de su posición dentro del inmueble y de las condiciones arquitectónicas preexistentes. Vanos, alturas, patios y circulaciones determinan configuraciones distintas, de manera que la adaptación al programa hotelero aprovecha las particularidades de la construcción en lugar de homogeneizarlas. El mobiliario y los objetos terminan de definir estos interiores mediante una composición que vincula el diseño mexicano contemporáneo con la arquitectura que los contiene.

La transformación responde, además, a una historia íntimamente ligada a las mujeres de la familia de Vianney Torres, quienes han ocupado un lugar central en la continuidad de la propiedad. Este legado matriarcal encontró posteriormente una nueva expresión en la azotea, donde Andrés Gutiérrez desarrolló TONANA, un rooftop bar cuyo concepto parte de Tonantzin y de una interpretación contemporánea de la cosmovisión prehispánica.
Su ubicación introduce un giro simbólico dentro del conjunto. Durante la conquista y el posterior proceso de evangelización de México, numerosos edificios religiosos cristianos fueron construidos sobre antiguos recintos ceremoniales indígenas o reutilizaron sus emplazamientos y materiales. En Casa Hoyos, la relación vertical se invierte: sobre un hotel boutique cuyo lenguaje remite a la arquitectura de una casona colonial aparece un espacio inspirado en el imaginario prehispánico.

TONANA corona así el edificio desde una temporalidad anterior a aquella evocada por el hotel. La azotea deja de funcionar únicamente como remate arquitectónico para convertirse en un contrapunto conceptual: en la parte superior de Casa Hoyos, la referencia prehispánica vuelve a ocupar simbólicamente el plano más alto del proyecto.
Una nueva capa sobre Casa Hoyos
El nombre del rooftop bar, TONANA, proviene de Tonantzin —“nuestra madre venerada” en náhuatl—, figura asociada con el origen, la protección y la continuidad de la vida. Esta referencia permitió articular el pasado familiar de la propiedad con una lectura contemporánea de la cosmovisión prehispánica.

El proyecto, también a cargo de Andrés Gutiérrez, transforma una azotea anteriormente subutilizada en un rooftop bar con vistas hacia el paisaje urbano de San Miguel de Allende. La intervención se plantea como la continuación de una narrativa que comienza en los patios y habitaciones de Casa Hoyos y culmina sobre sus cubiertas.
El diseño encuentra en la materialidad uno de sus principales recursos. El tezontle establece una presencia mineral y táctil, mientras la cerámica introduce piezas elaboradas desde procesos artesanales. Mobiliario diseñado específicamente para el proyecto completa la composición, entre éste las sillas Licha, desarrolladas por Andrés Gutiérrez en colaboración con Los Patrones. Las piezas incorporan el lenguaje del diseñador a una escala cercana al cuerpo y convierten el equipamiento en parte activa de la identidad del lugar.

La apertura al cielo, las vistas del centro histórico y los cambios de luz a lo largo del día modifican constantemente la percepción del espacio. TONANA adquiere así una condición distinta entre la tarde y la noche: primero como extensión exterior de Casa Hoyos y posteriormente como escenario para la vida nocturna.
Diseño, hospitalidad y coctelería
La experiencia se completa a través de la propuesta de Óscar Valle, responsable de la coctelería de TONANA. Su trabajo incorpora otra dimensión al concepto del espacio, trasladando al menú la misma búsqueda de identidad presente en la arquitectura y el interiorismo. Ingredientes, técnicas y referencias culturales construyen una experiencia en la que bebida y entorno forman parte de una misma lectura.

La participación de Valle permite que el proyecto trascienda una aproximación exclusivamente espacial. La hospitalidad se entiende como la convergencia entre arquitectura, mobiliario, gastronomía y servicio; cada disciplina contribuye a definir la manera en que el visitante se relaciona con el lugar.
Casa Hoyos y TONANA se entienden como dos capítulos de una misma intervención. El primero trabaja hacia el interior, recuperando la escala, los patios y la intimidad de una antigua residencia; el segundo asciende hasta la cubierta y se abre hacia la ciudad.

Entre ambos aparece una lectura de la hospitalidad mexicana construida desde la memoria, la materialidad y la colaboración. La arquitectura existente aporta el soporte; Andrés Gutiérrez desarrolla un lenguaje contemporáneo a partir de ella; Vianney Torres vincula el proyecto con la historia familiar que le dio origen, y Óscar Valle incorpora una experiencia sensorial que amplía sus límites.
En una ciudad definida por la permanencia y transformación de su patrimonio construido, Casa Hoyos propone que habitar un edificio histórico también puede significar permitirle seguir acumulando historias. TONANA constituye su capa más reciente: un espacio sobre la antigua casona desde el cual esa memoria doméstica se encuentra, finalmente, con la ciudad.
- Estudio
- Estudio A-G





