En el ecosistema del Madrid Design Festival, _2B space to be —el espacio expositivo del estudio de arquitectura y diseño Moneo Brock— ha propuesto del 3 al 24 de febrero una exposición colectiva, titulada Peso y Presencia, cuyas piezas invitan al espectador a volver a la esencia de cómo un objeto “se sostiene” en el mundo.
Del dato físico a la percepción en _2B space to be
Peso y Presencia, comisariada por la arquitecta Yaiza Camacho, ha reunido a arquitectos, diseñadores y artistas que llegan desde la práctica profesional, la investigación, la curiosidad o incluso el accidente, para examinar de qué manera la materialidad, la utilidad y la percepción construyen aquello que permanece. El título de la muestra ejerce como tesis.

“Peso” no se entiende aquí como un dato físico cerrado —masa o densidad—, sino como una medida de solidez entre lo que las piezas son y lo que proponen: el equilibrio entre componentes, construcción y significado, hasta generar una suerte de “verdad matérica”. “Presencia”, por su parte, se activa en el instante en que esa forma obliga a detenerse: el objeto deja de ser neutro y empieza a mirar de vuelta. Algunas obras asumen esa condición de un modo literal; otras, la tensionan con trampas perceptivas, alterando expectativas sobre lo que vemos y lo que creemos entender.


El marco conceptual se despliega como una conversación entre los extremos que hoy definen la gran mayoría del diseño contemporáneo: lo experimental y lo funcional, lo técnico y lo improvisado, lo racional y lo intuitivo, lo digital y lo manual. Frente a la hiperproducción actual, la exposición reivindica un hacer más pausado y consciente, con una mirada crítica hacia los mecanismos con los que se produce, se percibe y se presenta el resultado. La ambición es poner en evidencia esos procesos: cómo las nociones toman cuerpo, qué métodos las sostienen y qué límites aparecen cuando el material responde.

Peso y Presencia para segundas vidas
En la selección expuesta, esa tensión se vuelve especialmente visible cuando el “peso” adopta una segunda vida. En Tuning, colaboración entre Jesús Meseguer y Reparto, el punto de partida es explícito: “Reciclar, reutilizar, reducir…”. La palabra tuning (ajustar, modificar) se traslada del coche al mobiliario: estructuras escénicas usadas —atriles y trípodes— se reensamblan y pasan a soportar fragmentos descartados de talleres, desde faros de coche y moto hasta chasis, altavoces y radios. El inox pulido convive con cableado de cobre y con soluciones de conectividad actuales —como altavoces con bluetooth—, en un híbrido doméstico que asume el brillo del exceso y lo rehace como sistema.


Esa misma imagen funcional desplazada irrumpe en el trabajo de Eric Primo, que articula su labor alrededor de residuos “físicos y emocionales” y usa el diseño como herramienta narrativa. Su Cargador inalámbrico se apoya en un inventario reconocible: enciclopedias, diccionarios o atlas que “no sobrevivirán a otra mudanza”, convertidos en “peso muerto” ante la supuesta ligereza digital. El libro se manipula —electrónica integrada, tornillería, hojas selladas— para abandonar su uso informativo y servir de mesa auxiliar y cargador. No es un elogio, tampoco una muerte anunciada, sino un apunte sobre cómo cambian los medios que consideramos útiles.

El equilibrio como argumento
La madera, por contraste, surge como territorio donde el peso negocia con la luz. Enés Miño Izquierdo presenta Chimney Lamp, una lámpara que huye de la jerarquía entre elementos para ser un “volumen macizo” que, paradójicamente, transmite levedad; un cuerpo continuo donde el fulgor nace desde abajo. La pieza propone un desplazamiento sensible, hacer que un componente que suele emplearse para construir tamice y module la luz. En la misma línea de autonomía, A tool for easing the foot recupera una tipología casi olvidada: el calzador, y la convierte en una pequeña escultura doméstica que se mantiene por sí misma, sin contexto.


También el equilibrio literal se torna un argumento. Es el caso del Banco balancín de Ismael López, fabricado en madera de pino con técnicas artesanales. No busca estabilidad por sí mismo: se ajusta apilando libros o cosas sobre la superficie. Entre lo funcional y lo escultórico, el asiento introduce una idea clave para el conjunto: la armonía como ajuste constante entre peso, forma y propósito.


En el otro extremo, cuando el peso se vuelve afecto, el cuerpo entra en escena. Sudor, de Rubén Gómez y Omar Miranda, reimagina la iluminación como ritual cotidiano: un armazón metálico con flexibilidad cromada y textiles “cargados de significado” hacen de la ropa sudada o pañuelos un trompe-l’œil con imágenes de cuerpos en difusores de luz, con el fin de originar una atmósfera íntima y orgánica. El objeto deja de ser solo aparato y se formula como comentario sobre deseo, intimidad y materialidad afectiva.


Más allá de la agenda, Peso y Presencia se entiende como una toma de posición ante la saturación de productos y estímulos. Una mirada al diseño desde la materia, cuyo peso se sostiene por sí mismo y, cuya presencia sugiere, más que un efecto, una manera de prestar atención de nuevo.

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