En un apartamento triangular de apenas 32 m², XStudio ha organizado la vida cotidiana sin sobreactuar. Cada bloque de color, cada volumen y cada superficie de Casa C muestran una arquitectura que se sostiene por sí misma, y una representación visual que suspende lo humano para dejar hablar al espacio.
La herencia de Adolf Loos en XStudio
Resulta fascinante la capacidad que posee un espacio para comunicar por sí mismo: a través de su funcionalidad, prescindiendo de la decoración y dejando que la lógica de sus volúmenes y colores se perciba sin justificarse. Tal vez sea porque Adolf Loos nos enseñó que la función no requiere ornamento y que la arquitectura se fortalece cuando se explica por sí sola. Al observar las escenas de la Casa C, se llega a comprender esa sensación de coherencia que impregna todo el proyecto realizado por XStudio.

Fundado en Las Palmas de Gran Canaria en 2016, XStudio está integrado por Leticia Romero, Ancor Suárez, Marta Hernández y Tara Silva, quienes se distinguen por un trabajo funcional y profundamente consciente. Estas cualidades les han permitido organizar la vida en Casa C de manera impecable y sin necesidad de sobreactuar.


Volúmenes y color en Casa C
El ambiente diáfano, liberado de particiones innecesarias, se recompone mediante dos bloques de color que definen los usos. El primer dispositivo —adosado a la pared larga a la derecha de la entrada— concentra las acciones más básicas y cotidianas del hogar: bañarse, cocinar y sentarse. Este se compone de pocos elementos sencillos —una bañera, una pequeña cocina y un sofá— que asumen con naturalidad aquello para lo que han sido concebidos. El tono rosa nude del entorno, que se replica en el suelo continuo y en el techo, se entiende como parte inseparable de la vivienda y no como algo añadido a posteriori.

En contraste, el segundo dispositivo introduce una presencia más liminal: un volumen verde que organiza el almacenamiento, el descanso y que, a diferencia del anterior, no se diluye en el conjunto, sino que se afirma con autonomía. Aquí las tareas se centran en dormir, guardar y separar, por lo que está configurado por un ropero y por el contenedor de la cama. De ese modo, ejerce como una frontera blanda que ordena sin compartimentar. Además, la elección de una cortina azul en lugar de una puerta refuerza este concepto de ambigüedad entre lo abierto y lo íntimo. Una transición ligera, casi escenográfica, que se origina entre las distintas áreas del apartamento.


Las superficies espejadas amplifican la percepción espacial y crean una solución de continuidad con el panorama marino tras las ventanas. Todo esto ocurre con una economía extrema de medios: tubos dejados a la vista y pintados, paredes que no ocultan sus imperfecciones, ausencia de falsos techos y una relación directa con el forjado. No hay voluntad de corregir ni de embellecer lo preexistente, sino de asumirlo como parte activa de la intervención.

Abstracción, ritual y una lectura radical del espacio
La lectura de Casa C podría detenerse en la precisión de su orden interno. Sin embargo, XStudio ha desplazado el foco del habitar hacia su representación. En las fotografías de la propuesta —como sucede en otros trabajos del estudio— la figura humana aparece despojada de identidad: cuerpos enmascarados con animales de papel sugieren una presencia difusa. Esta decisión introduce una tensión estratégica, una capa de abstracción que protege la radical sencillez del proyecto. Liberada de la narrativa tradicional, la arquitectura se lee desde sus propios términos.

XStudio ha logrado así cimentar una estética y un lenguaje visual que no se apoya en el ornamento. Frente al exceso de estímulos y convenciones que domina la mirada doméstica, la composición fotográfica se convierte en un acto crítico que, al suspender lo humano, obliga a comprender Casa C por sus propios méritos y a intuir la claridad y la lógica de cada bloque y cada vacío.

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