Si la estabilidad de una estructura depende de las fuerzas de tensión de sus elementos, entonces se dice que está en tensegridad. De este principio físico descubierto por Buckminster Fuller parte Seven. Su creador, el japonés So Koizumi, piensa en un soplo de viento o en una vibración ambiental para activar el movimiento del armazón y los hilos de este carillón. Ese flujo agita su delicado sistema con forma de siete, transformándolo en una escultura dinámica de sonido relajado. Koizumi recurre a prestigiosas técnicas metalúrgicas de la ciudad de Takaoka, y lo produce en fábricas especializadas en fundición, plegado y soldadura. Para su autor, la pieza es un reflejo de nosotros mismos. Es decir, seres aparentemente estables, pero vulnerables al impacto del exterior. Ojalá Seven se convirtiera en un objeto inspirador para que nuestra respuesta ante cualquier acción exógena fuese también armónica y calmada. O mejor aún, ojalá aprendiésemos a estar en tensegridad, en equilibrio ante cualquier fuerza que se nos ejerza.








